Federico, esa noche, esperaba tomar el tren de las 20:40, el último con frecuencia de 10 minutos, después cada formación salía cada 20, lo que tornaba aún mas larga la espera de finalizar su día.
Pero no era el único, parecía que desde todas las oficinas, comercios, todos los días se abalanzaban sobre esta formación, deseaban o necesitaban tomar ese tren.
Federico solo esperaba acomodarse cerca de la puerta, para que cuando esté aproximándose a la estación donde bajaba, no tuviera que forcejear mucho.
Esa noche, el subterráneo, lo dejo a minutos del tren de las 20:40, Federico pensó que quizás no pudiera siquiera subir, pero parecía increíble, la formación no estaba atiborrada de pasajeros, habrá dificultades en el servicio?, un paro sorpresivo?, una coincidencia de sus ocasionales compañeros de viaje de abandonar por ese día esa rutina?
Subió en el último vagón, eran ya 20:38, comenzó a caminar por los vagones, quizás hubiera un asiento libre!, casi increíble.
Después de caminar un tiempo, divisó por el medio del vagón que ingresó, lo que parecía un asiento vacío, no quiso entusiasmarse, apresuró un poco el paso, sus pulsaciones subieron un poco, sí!, estaba libre.
Se sentó, dejo su maletín, y respiro hondo.
La señal del anuncio de la salida de la formación, lo relajó, ni siquiera se había percatado que en el mismo asiento, una mujer estaba mirándolo, a unos metros de andar la formación, Federico la miro de reojo, esa mujer le preguntó una de esas preguntas de pasajeros de tren, respondida con respuesta de viajero de tren.
Mas el dialogo se hizo fluido, Federico contemplaba una mirada especial en ella, parecía que las palabras de la circunstancial acompañante fluían de su mirada, de unos ojos, mirada especial.
Palabras cálidas, atenta escucha, hizo del viaje de Federico, de ese viaje, uno inimaginable.
Ese viaje le parecieron segundos, se despidió sin saber siquiera su nombre.
Esa noche Federico no durmió, como no saber más sobre esa persona tan especial!!!
Pergeño un plan, tomaría el tren de las 20:40 hasta encontrarla, recorrería el tren mirando a cada pasajero.
Transcurrieron los días, noche tras noche la formación era recorrida por Federico, por momentos le parecía encontrarla!!!, en ocasiones sus ojos se agrandaban, “allí está!!!”, pero no..
Se estaba dando por vencido, pero….si tomaba el tren anterior?, o el posterior?
Federico hizo un esfuerzo para llegar al tren de las 20;30 recorrió cada vagón, cada rostro…
El resultado de la búsqueda infructuosa, lo llevó a tomar la formación de las 21.
Ya casi se le había borrado el rostro de esa mujer, solo lo quedaban percepciones, recuerdos de esa charla tan inusual en esos tiempos.
Federico volvió a tomar el tren de las 20;40, los mismos apurados pasajeros, las misma costumbre de ubicarse cerca de la puerta para bajar sin forcejear, todo volvió a la rutina.
Al tiempo, no se supo más de Federico, sus familiares, vecinos, conocidos, compañeros de trabajo, nunca supieron que forma parte por siempre del tren de las 20:40.
Gustavo Morbello
Febrero de 2010